La mayoría de los latinoamericanos no asociamos Inglaterra con playa. Yo misma, antes de hacer este paseo, imaginaba la costa inglesa como una explanada de guijarros puntiagudos frente al mar oscurecido. Fue una sorpresa cuando me encontré con kilómetros de caminos bien cuidados, serpenteando junto al océano para el deleite de los caminantes y sus mascotas; playas de arena blanca frente a las que reposaban meditabundos veleros y vistas panorámicas desde y hacia acantilados que emergían del agua como trozos de bizcochos recién cortados, exponiendo más de 185 millones de años de historia geológica en sus sucesivas capas rocosas.

Día 1

De Sandbanks a Worth Matravers (22.5km)

Para tomar el sendero es preciso llegar a Sandbanks, una pequeña y exclusiva península en la entrada de la bahía de Poole, ciudad a la que se puede llegar en tren desde Londres o cualquier otra urbe de la isla. Lo mejor es viajar en los primeros trenes la mañana, para así comenzar a caminar antes de mediodía. Al viajar temprano además se evita la hora punta, en donde hay menos disponibilidad y los pasajes son bastante más caros. Desde la estación de trenes de Poole caminamos 8 minutos hasta el terminal de buses, donde tomamos un recorrido a Sandbanks (última parada) por £3.50 p/p. En Sandbanks se toma el ferry (£1 p/p) que en pocos minutos te deja al otro lado, en donde empieza la caminata.

Los primeros 2km recorren una playa ancha y plana. Aunque había sol, soplaba un viento frío que nos hizo echar mano a los gorros y los guantes. Ya estábamos advertidos que teníamos una ventana de 3 días antes de que se pusiera a llover con ganas. Junto a un pequeño café al final de la playa, el sendero deja la arena y comienza a subir por una pequeña colina, cruzando un caserío llamado Studland, que tiene a su haber edificios pintorescos con techos de paja, ovejas gordinflonas en patios traseros y un adorable pub de piedra.

Pocos kilómetros más adelante, aparece la primera de las formaciones geológicas que tanta fama le han dado a esta ruta: “Old Harry Rocks”, varios pilares de piedra caliza que sobresalen del océano como caprichosos torreones medievales y que se encuentran severamente amenazados por la erosión. Al acercarse a los miradores, algunos bastante estrechos, uno puede sentir la fuerza del viento y el arrastre de la altura: el pelo batiendo a ambos lados de la cara, los sombreros que escapan raudos, presurosos por lanzarse al vacío. Hay dos versiones conocidas sobre el nombre de este lugar. La primera afirma que el mismo diablo (Old Harry) se echó una siesta sobre las piedras. La otra, que un pirata inglés de Poole, Harry Paye, habría escondido ahí algunos de sus muchos tesoros.

5.3 km pasado Old Harry Rocks, alrededor de los 7.5 kms desde el inicio del camino y luego de atravesar la reserva natural Durlston, se llega a la ciudad costera Swanage: un balneario Victoriano de 9.000 habitantes que puede ser una buena parada para quienes quieran tomarse los primeros días con más calma. Tiene una pequeña playa, varios restaurantes y un comercio activo. En nuestro caso, teníamos los ojos puestos en un minúsculo y bucólico caserío de piedra casi 15 kilómetros más adelante, Worth Matravers, al que llegamos poco antes de la puesta de sol, después de atravesar una imponente cantera de piedra.

Fuera de las grandes ciudades, la mejor opción de alojamiento es un Bed&Breakfast. También se puede acampar, siempre que el tiempo acompañe. Se recomienda reservar con anticipación ya que se trata de una ruta muy visitada, y ojalá evitar los feriados locales. Los precios oscilan entre las £40-£70 por una habitación doble con baño privado en una casa o granja acogedora, más un contundente desayuno. La mayoría de estos lugares ofrecen un servicio de “box lunch” (sandwich+fruta+jugo+snack) por £10-15 extra, lo que resulta práctico ya que son distancias largas y muchas veces no hay dónde comprar.

Día 2

De Worth Matravers a Lulworth Cove (24km)

Este es el segmento más pesado pero también el más espectacular. A la distancia se le suma un importante desnivel del terreno. Las vistas valen completamente el esfuerzo: uno casi puede adivinar la costa francesa flotando en el horizonte, al otro lado del Canal de la Mancha.

A pocos kilómetros, una excéntrica torre circular nos espera. Construida en 1830 y con una vista privilegiada de la bahía de Kimmeridge, Clavel Tower tuvo que ser relocalizada varios metros tierra adentro debido a la erosión. La fuerza del océano se está llevando la costa pedazo a pedazo y no es raro que secciones completas del camino se derrumben durante la temporada de lluvias.

Pasado Kimmeridge, el camino atraviesa por Lulworth Ranges; terrenos del ejército inglés utilizados para ejercicios militares. Es posible ver tanques y todo tipo de parafernalia de guerra (el paso está cerrado durante la semana). Desde lo alto de las colinas, se adivinan las oscuras siluetas de las casas de Tyneham, un pueblo fantasma cuyos 225 habitantes fueron obligados a desalojar sus casas en 1943, cuando el lugar se convirtió en un campo de entrenamiento. La medida era supuestamente temporal, pero nunca se les permitió volver.

Lejos de los tanques y camiones, los acantilados dan paso a tranquilas playas. Se supone que una de ellas es la playa secreta de Lawrence de Arabia. Mi candidata favorita es un parche de arena diminuto, flanqueado por enormes acantilados, cuyo único acceso pareciera ser por mar.

La última parada del día es un bosque fosilizado. Un paisaje lunar con sobre relieves circulares enquistados en las rocas. Finalmente llegamos a Lulworth Cove, una caleta con una minúscula bahía redonda, donde el mar turquesa entra de lleno a una playa de arena blanca a la que sólo le faltan un par de palmeras para ser una guarida de piratas.

Esa noche nos alojamos en una granja 6.5km hacia el interior de Lulworth Cove y, gracias al consejo de nuestra anfitriona Judy, probamos el mejor fish and chips de nuestras vidas en un pub llamado “The Sailors Return” (aconsejamos reservar también porque su comida es famosa).

 

Dia 3

Lulworth Cove – Weymouth (22km)

A pocos kilómetros de Lulworth Cove se encuentra Durdle Door, otro de los hitos geológicos imperdibles del trayecto: un gigantesco arco natural de piedra caliza que se hunde en el mar y que, para nosotros chilenos, es imposible no asimilar a la Portada de Antofagasta.

El resto del camino sigue a lo largo de la costa, con un desnivel menor al tramo anterior. El sendero, visible en todo momento y claramente señalizado con hitos de piedra, va trazando un dibujo por arriba de escarpados precipicios y suaves praderas. A lo lejos empieza a verse la ciudad de Weymouth.

El trayecto está bien mantenido y en excelentes condiciones pese a que no existe mayor infraestructura (baños, basureros, etc). La ruta es transitada tanto por extranjeros como nacionales. Es usual ver a los ingleses haciendo senderismo con sus perros y luego descansando con ellos en el pub tras la caminata. Los caninos son bienvenidos en estos establecimientos (no así en los restaurantes) y no es raro verlos descansando a los pies de sus amos mientras éstos disfrutan una pinta de cerveza. La mayoría de los alojamientos también aceptan mascotas.

Cerca de las doce nos detenemos a almorzar en Osmington Mills. Sentados en la terraza con un cucurucho de papas fritas, vemos la nubes apilarse rápidamente sobre nuestras cabezas. La profecía del hombre del tiempo se vuelve realidad: una tormenta de lluvia y viento de al menos tres días.

Nos levantamos de la mesa apurados por el viento frío. Junto a la chimenea y dos pintas de cerveza decidimos cancelar la última parte del trayecto: Weymouth – Lyme Regis. Afuera empezaban a caer las primeras gotas. Si nos apurábamos tal vez llegaríamos semi secos a tomar el tren.

Para información detallada sobre la Costa Jurásica:

http://jurassiccoast.org/ (en)
https://www.southwestcoastpath.org.uk (en)
http://www.explorethesouthwestcoastpath.co.uk (en)